La fibromialgia es una de esas enfermedades contemporáneas, como la intolerancia al gluten o el estrés, que se han vuelto un diagnóstico recurrente de síntomas y padecimientos que no encajan en otra cosa. Y como estas enfermedades, es complicada y se conoce muy poco de ella.
Sabemos que es un enfermedad crónica, que implica dolor o sensaciones dolorosas en zonas musculares diversas, es decir, que no hay una localización del dolor en una parte específica, sino que se mueve por todo el tejido muscular y puede doler hoy una pierna y mañana el hombro. También se presenta rigidez en las articulaciones, sobre todo durante la mañana; fatiga muscular y cansancio, transtornos del sueño, dolores de cabeza. También sabemos que además de este componente musculoesquelético, hay un factor emocional que la hace más compleja, generando irritabilidad, problemas de memoria y atención. Desconocemos que la causa y cómo actúa fisiológicamente. No sabemos tampoco a cuanta gente acompaña, pero sí que es más cercana a las mujeres, sobre todo las adultas entre los 25 y los 50 años.
Este tipo de condición es tratada con medicamentos para el dolor y la inflamación e indicaciones para atención psicológica desde la histeria y la premenopausia. Tristemente, por el desconocimiento, las personas que la tienen no tienen mucha comprensión por parte del sistema de salud ni de las personas a su alrededor. Desde la terapia física se ha buscado procurar un manejo del dolor a través de educación en cuanto al padecimiento en sí y limitaciones, también se busca complementar con ejercicios y otros cuidados.
No hay muchos estudios respecto al tratamiento de la fibromialgia con Pilates ni al tratamiento de la fibromialgia no farmacológico en general. Pero podríamos decir en principio, que Pilates es una técnica que se puede recomendar para el manejo de esta condición: es un ejercicio de bajo impacto; es una técnica que trabaja la concentración a través de la respiración y de la conciencia corporal. La respiración mejora la oxigenación a través de la circulación, el acceso de sangre oxigenada a todas las articulaciones, a todos los músculos, es un factor de ayuda a disminuir el dolor. Este aumento de la circulación durante el ejercicio, contribuye a la relajación muscular, lo que disminuye la rigidez y el adormecimiento. Además el metabolismo se acelera, pues las contracciones isométricas, al ser sostenidas y sistemáticas en todos los ejercicios, implican un mayor consumo calórico, lo que a su vez implica un aumento de la energía disponible, reduciendo la fatiga, sobre todo cuando la rutina se realiza durante la mañana.
Pilates también presenta ventajas en comparación con otros sistemas de acondicionamiento en el caso de la fibromialgia, pues tiene la capacidad de individualizarse, de hacerse específico para cada persona, ya que cuenta con muchas modificaciones y adaptaciones, y además con una gran variedad de equipo y accesorios con los que se puede trabajar de múltiples maneras.
Entonces, Pilates no es sólo un ejercicio para verse bien, más bien es un ejercicio para sentirse bien en tu propio cuerpo, con tus propias limitaciones, conociéndolo más y cuidándolo más.
Referencia:
Shirer, Gabrielle (2006) Pilates for Fibromyalgia. Pilates Coreterly. Balance Body
Shirer, Gabrielle (2006) Pilates for Fibromyalgia. Pilates Coreterly. Balance Body








