Como ya sabemos, Pilates es un ejercicio accesible, que busca un movimiento natural del cuerpo, que se ejecuta de forma segura, respetando las capacidades y habilidades de cada cuerpo. Sin embargo, en algunos casos, incluso los ejercicios más básicos de Pilates pueden resultar muy difíciles para algunas personas, debido a un prolongado sedentarios, alguna lesión importante a nivel de la columna o las caderas que limite la movilidad, dolores crónicos, o alguna combinación de factores. Pero aún, en ese caso, Pilates tiene siempre una adaptación, una respuesta, una posibilidad debajo de la manga para ayudar al cuerpo a mejorar el movimiento y a hacerlos consciente.
De la posibilidad que hablaremos hoy, es el Pre-pilates. Llamamos así a una serie de ejercicio previos, que no son ejercicios específicamente de Pilates, pero se realizan para preparar el cuerpo para la práctica pilatesca, en algunos casos es una forma de hacer calentamiento, pero en otros es la rutina de trabajo que se debe aplicar durante algunas sesiones antes de comenzar a hacer ejercicios de Pilates.
Los ejercicios de pre-pilates pueden provenir de otras técnicas de movimiento y se rigen bajo los mismos
principios de Pilates: son ejercicios suaves, naturales, de movimiento libre, acompañados por la respiración y pretenden aumentar los rangos de movimiento, relajar la musculatura, oxigenar y lubricar las articulaciones. A veces son adapataciones de asanas de yoga, también pueden ser parte de la técnica Feldenkrais o del método Franklin.
Estos ejercicios, al ser más sencillos, se pueden realizar en el lugar de trabajo, en unos pocos minutos, para darle un poco de bienestar al cuerpo cansado, estático y sobrecargado de tensión. Con ese fin, comparto estos ejercicios, que publicó Revista Pilates de Brasil, a cargo de la instructora Tatiana Trivellato.
Estos son para ralajar el cuello, si pasás mucho tiempo sentadx frente a la compu, deberías hacerlos unas dos o tres veces durante tu jornada laboral. No te tomará más de 5 min y tus cervicales, así como el resto de tu columna, estarán muy agradecidas.
1. Rotación de cuello: Mirá sobre uno de tus hombros, bajá la barbilla al hombro y llevá la oreja contraria hacia el otro hombro, lentamente, y cuando llegás, llevás la barbilla hacia el hombro y vas levantando la cabeza hasta que quede paralela al piso de nuevo. Podés hacer unas cinco repeticiones de este ejercicio, realizando el movimiento hacia ambos lados: 5 de derecha a izquierda y 5 de izquierda a derecha. Recordá inhalar al iniciar el movimiento y exhalar al finalizarlo.
2. Flexión de cuello: De nuevo acá, inhalando vas a llevar la barbilla hacia el pecho, cuidando de que ésta no lo toque, más bien vas a mantener la distancia de un puño entre tu pecho y tu barbilla, exhalando regresás la cabeza erguida con la vista al frente. Inhalando vas subir la cabeza desde la nariz, sin llevar el cuello hacia atrás, solamente elevando la nariz hacia el techo, exhalás cuando regresás la cabeza al frente. Igual, repetís 5 veces cada movimiento.

3. Alineación: Este es mejor realizarlo contra una pared. La manera correcta de colocar el cuerpo te la explicamos primero. Tus pies deben estar paralelos, es decir, viendo hacia el frente, y tus tobillos, rodillas y caderas deben estar alineadas, manteniendo una misma distancia entra las piernas. Tu cadera y tus escápulas tocan la pared. Debés colocarte de manera que sea la base de la cabeza la que descansa contra la pared, luego debés llevar tus hombros hacia atrás de manera que se te abra el pecho y estos empujen contra la pared. Recordá mantenerlos siempre abajo, siempre lejos de las orejas. En esa posición podés realizar un movimiento muy pequeño, llevando la barbilla hacia abajo pero apenas, esto permitirá que se alarguen tus cervicales, les dará espacio y liberará los nervios y las raíces nerviosas que puedan estar comprimidas a causa de contracturas.

4. Abducción de hombros: Manteniendo esa misma postura, conservando esa misma sensación de ciertos puntos de tu cuerpo presionando la pared, vas a elevar tus brazos hacia las orejas, evitando que las escápulas se despeguen de la pared. Es decir que tenés que ejercer una presión contra la pared al tiempo que subís los brazos, si tus escápulas se separan, no subás más y regresá al punto en el que continúan contra la pared. Una vez que subiste los brazos al máximo, vas a acercar tus manos y tocar los dedos. Regresás despacio y con control. Igualmente, podés repetirlo 5 veces. Cuando subís los brazos inhalás, cuando bajás los brazos exhalás.

La idea con estos ejercicios es que cada vez que los hagás, vayás un poquito más allá que la vez anterior: girés más el cuello, acerqués más la oreja al hombro, elevés más los brazos sin soltar las escápulas. Es posible que algunos de ellos se sientan extraños, o que te duela un poco el cuello al realizar los movimentos, pero con el tiempo te va ser cada vez más fácil. Te ayudarán con la postura, a relajarte y a oxigenarte.
Referencia:
Tatiana Trivellato (80146F – Crefito 4)
Fisioterapeuta, PMA®-CPT, Lolita San Miguel Pilates Master